Ciudad de México.- En nombre de los obispos de México, el presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), Ramón Castro Castro, y el secretario general del colegio, Héctor Mario López Alvarado, emitieron un comunicado con el que anuncian la conmemoración de los hechos históricos del conflicto religioso de hace un siglo con un llamado a condenar la guerra fratricida, a no instrumentalizar a los mártires cristeros y a reflexionar sobre la necesidad de una plena libertad religiosa en el país acorde a los avances sociales, teológicos y doctrinales en el siglo XXI.
El texto lleva el epígrafe "Callaron las campanas de los templos, habló su sangre" con el que se sintetiza la histórica suspensión del culto religioso instruida por los obispos de México hace 100 años como reacción a las leyes del entonces presidente y creador de las instituciones postrevolucionarias, Plutarco Elías Calles; y la guerra fratricida que provocó sangre y muerte de miles de personas que decidieron no tomar las armas en ambos bandos del conflicto.
En la efeméride del conflicto religioso que sacudió varias regiones del país entre 1926 y 1929, los obispos reconocen que tanto la entrada en vigor de la Ley Calles -que penalizaba la vida ordinaria de la Iglesia y sometía el ministerio de los sacerdotes al control del Estado-, como la decisión de suspender el culto -provocando que México despertara sin misas, sin sacerdotes y con los templos abiertos- propició "uno de los capítulos más dolorosos de nuestra historia que se convirtió en una lucha armada".
Conmemoración sin instrumentalización
El mensaje asegura que los obispos desean establecer una distinción clara: no conmemoran la guerra ni celebran una victoria, ni exaltan las armas ni idealizan la violencia: "Queremos dirigirnos a ustedes no para reabrir heridas, sino para curarlas; no para juzgar a los muertos, sino para servir a los vivos".
Dice el texto que los obispos no buscan una revancha ni alimentar el resentimiento "y no ponemos esta memoria al servicio de ningún proyecto político ni partidista" pero recuerdan que "el gobierno Federal atacó a sus propios ciudadanos" provocando un drama nacional.
Por otro lado, el mensaje pide un "tiempo de memoria agradecida y discernimiento eclesial" así como a una reflexión sobre "la realeza de Cristo, que no se impone con las armas sino que reina desde la cruz" para "reconocer que ningún poder humano es absoluto, porque sólo Dios es el Señor de la conciencia y de la Historia".
Tres acentos
El mensaje destaca tres acentos de la conmemoración:
- La fidelidad de un pueblo creyente que siguió rezando en los hogares, bautizando a sus hijos a escondidas, protegiendo a sacerdotes y manteniendo viva la fe cuando no hubo templos abiertos;
- El testimonio de los mártires "que no mataron por Cristo sino que murieron por Él"; y
- La lección social aprendida: que la negación de la libertad religiosa "siempre termina costando sangre" pues "no es un privilegio del clero sino un derecho de toda persona humana".
Los obispos también piden recordar la herida fratricida que dejó la Guerra Cristera pues "del lado de las trincheras y del lado de los batallones había hijos de la misma tierra... hermanos que se mataron entre hermanos".
Por ello reconocen con humildad que durante aquellos años "hubo también entre algunos católicos dureza de corazón, cálculos políticos, palabras que encendieron los ánimos y decisiones tomadas sin lucidez".
Los obispos reconocen que "la Iglesia misma... no siempre ha sabido servir a la verdad con los medios apacibles del Evangelio" y piden "perdón por lo propio" como los sacerdotes y fieles católicos que usaron las armas y tomaron con violencia la vida de otros mexicanos.
El mensaje, que enlista exclusivamente las agresiones vividas contra la Iglesia y los creyentes católicos hace cien años, afirma: "Nombrar estas injusticias no es agraviar a nadie: es cumplir el deber de la verdad".
Mártires mexicanos: verdades por las que vale la pena vivir y morir
El texto destaca la figura de los mártires como "testigos" que construyeron la nación no con armas, sino con convicciones. Afirma que el martirio no es una derrota y destaca el martirologio mexicano: con 25 santos canonizados en el 2000, encabezados por san Cristóbal Magallanes; trece beatos mártires, con la figura del beato Anacleto González Flores, abogado, catequista y padre de familia, patrono de los laicos mexicanos; a san José Sánchez del Río, canonizado en 2016; al beato sacerdote jesuita Miguel Agustín Pro, fusilado en 1927; a los santos Luis Batís Sáinz y tres laicos de Chalchihuites que murieron juntos el 15 de agosto de 1926.
Entronizan en Saltillo imagen de 'san Joselito', el adolescente martirizado en la Guerra Cristera
"Ellos construyeron la nación. No con las armas, sino con lo que sostiene a un pueblo por dentro: la convicción de que hay verdades por las que vale la pena vivir y morir, la certeza de que el poder tiene límites y la libertad de una conciencia que no se vende", dice el comunicado.
Q&A: 100 Años del Conflicto Religioso y la Guerra Cristera
Libertad religiosa: un derecho humano fundamental
Los obispos reconocen los avances en materia de libertad religiosa que dejaron atrás "la etapa del enfrentamiento y la simulación" entre los representantes del poder público y los líderes religiosos: Las reformas constitucionales de enero de 1992, la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público de ese mismo año, el restablecimiento de relaciones diplomáticas con la Santa Sede y la reforma al artículo 24 constitucional en 2013.
El documento afirma sin embargo que la libertad religiosa en México aún no es plena. Acusan a México de no vivir una "democracia madura" pues "persisten restricciones como límites al ejercicio del culto fuera de los templos, la imposibilidad de que asociaciones religiosas accedan a concesiones de radio y televisión, y restricciones a la libertad de los padres para elegir la educación religiosa de sus hijos".
Además acusa a la clase política mexicana de no haber "asimilado la nueva cultura constitucional de la libertad religiosa permaneciendo en un clima de desconfianza e impidiendo que los creyentes defiendan y vivan en el ámbito público sus convicciones".
Crimen organizado, un gobierno paralelo
Desde su defensa a la libertad religiosa y a una "democracia madura", los obispos de México acusan al gobierno mexicano y a la clase política actual de permitir que diversas condiciones sociales constriñan a las comunidades a vivir libremente su fe que han causado la muerte de sacerdotes asesinados en el ejercicio de su ministerio:
"Más grave aún es cuando el Estado permite que el crimen organizado se convierta en un gobierno paralelo que controla territorios, donde se anulan todos los derechos humanos: secuestra, extorsiona, asesina, deforma la conciencia de los jóvenes. Ese clima de violencia generalizada afecta a toda la sociedad...".
En el texto, los obispos también consideran que es un riesgo que los derechos humanos solo se "proclamen de manera puramente formal", mientras se crean otras violaciones contra la dignidad humana mediante la manipulación de información, el reducir a la persona a un objeto de consumo, la captura de atención por algoritmos polarizantes.
Por ello destacan la figura del mártir pues es "la afirmación más radical del valor de la persona que prefiere perder la vida antes que perder su rostro y su conciencia".
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Un llamado a la reconciliación nacional
El mensaje finalmente invita a construir la paz transformando los conflictos: "reafirmamos nuestro compromiso con el Diálogo Nacional por la Paz, con las caminatas y jornadas diocesanas de oración por la paz, con el acompañamiento a las víctimas —cuya mirada debe orientar toda política pública— y con una cultura del encuentro que desarme primero las palabras".
Piden al Congreso de la Unión y al gobierno Federal "leyes y prácticas que garanticen plenamente la libertad religiosa"; y exigen a los fieles católicos a no reclamar para sí los derechos o libertades "que no estén dispuestos a defender para los demás".
El documento concluye con un llamado a la reconciliación: "Que este tiempo nos encuentre reconciliados: capaces de nombrar la verdad sin odio, de perdonar sin olvidar y de construir juntos una nación donde ninguna conciencia sea coaccionada y ninguna vida sea descartable".
COMUNICADO ÍNTEGRO: 260731-CEM-Mensaje a cien años de aquel 1927 | El conflicto religioso en México


