Ciudad de México.- La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) publicó un mensaje para conmemorar el aniverario 216 del inicio de la Independencia de México y poner en contexto actual los festejos patrios que se celebran en memoria de la insurrección iniciada y organizada por el sacerdote Miguel Hidalgo y Costilla en 1810.
El mensaje titulado 'Llamados a la libertad' condensa en siete puntos la mirada y la actitud de los pastores católicos frente al aniversario patrio: dar gracias a Dios, reconocer el alma cultural y guadalupana del pueblo mexicano, valorar la libertad nacional alcanzada, ponderar la memoria de los conflictos religiosos, recordar la participación de las instituciones católicas en la construcción social y sostener la exigencia de que la nación mantenga las libertades fundamentales.
Los obispos aseguran que tras 216 años de independencia, el país llega al 2026 "con pasos construidos y con heridas abiertas"; reconocen que el país ha avanzado en conciencia de derechos humanos, en la participación de las mujeres en la vida pública, en instituciones sociales y en actos de solidaridad y anhelos de paz.
Sin embargo, afirman que durante los dos siglos de independencia "siguen sangrando la violencia, la desaparición de personas, la impunidad, la desigualdad que humilla y el desplazamiento forzado de comunidades enteras". Por ello, invitan a "no cerrar los ojos" frente realidades que aún pueden mejorar.
Los obispos se detienen particularmente en recordar que la Independencia de México y su vida social están íntimamente relacionadas con la vida religiosa: "Nuestra Independencia nació abrazada a un estandarte... la imagen de Santa María de Guadalupe se convirtió en bandera de un pueblo que se descubría nación".
Aseguran que bajo esta imagen de Madre compartida por el pueblo, los mexicanos lograron ver "una identidad común capaz de unir al indígena, al criollo y al mestizo en una sola casa". Bajo esta idea, los obispos exhortan a recordar que la Iglesia católica apostólica y romana "no es un huésped en México" sino "parte de su tejido desde antes de que hubiera Estado".
En ese sentido, los líderes católicos exaltaron los actos de solidaridad, caridad y educación social que realizaron los primeros frailes y evangelizadores en las tierras que anticiparían la nación mexicana; y pidieron que se reconozca que, incluso en nuestros días, la presencia católica en hospitales, asilos, colegios, albergues de migrantes, comedores y dispensarios, así como en la defensoría de derechos humanos fundamentales y en la construcción de paz, es un signo inequívoco de la generosidad de los fieles y del trabajo de los creyentes.
En el documento, firmado por Ramón Castro Castro, obispo de Cuernavaca y presidente de la CEM y por Héctor Pérez Villarreal, secretario general del colegio, los obispos hicieron peticiones concretas para que se escuche a las víctimas, que las autoridades garanticen seguridad y justicia, y que en el proceso electoral en curso, el debate público esté a la altura del pueblo.
El mensaje también pondera y exhorta a defender en México los principios de libertad de expresión y libertad religiosa; alecciona sobre los riesgos de violencia que arrastra el páis por no reconocer en plenitud la libertad de conciencia; y solicita "a quienes gobiernan" que asuman la libertad no como una "concesión sino garantía".
Por ello, en su mensaje en el que ofrecen "manos para servir, palabras para denunciar sin odio y capacidad de tender puentes", los pastores concluyen con un llamado a luchar por honrar el legado independentista.


